Un muro se levanta para dividir. Separa un adentro de un afuera. Si protege o encierra, queda a la interpretación según nuestro estado emocional.
¿Cuál es su reverso? ¿es la cara oculta en el interior que se revela cuando estamos dentro, la marca de un corte que evidencia el proceso que lo hizo posible, o la fachada que se proyecta hacia lo externo. El muro inverso, título de esta exposición, propone voltear el muro, preguntarnos si lo que vemos está afuera o dentro, dejar a la vista aquello que habitualmente permanece oculto tras la superficie terminada —la intimidad, la vulnerabilidad, el gesto que tantea antes de fijarse.
Esta muestra continúa una indagación iniciada en trabajos anteriores en torno a la construcción cultural de las masculinidades y a los modos en que el cuerpo se ve atravesado por estructuras simbólicas que exceden su propia materialidad. Permanece, como eje que articula la propuesta, el contrapunto entre la dureza del hormigón y la desnudez del cuerpo masculino: dos materialidades que se enfrentan y se necesitan, que se definen una a la otra por oposición y por contacto.
El cemento sigue siendo aquí signo de una masculinidad hegemónica —rígida, calculada, resistente— mientras la piel desnuda insiste en su fragilidad, en su condición de organismo vivo, temporal y contingente.