En El Muro Inverso, el proceso creativo no constituye solamente una etapa previa a la obra terminada. Cada prueba, transferencia, incisión y variación material forma parte de una investigación abierta, en la que la imagen se encuentra con un soporte que ofrece resistencia: el hormigón.
Trabajar sobre esta materia implica aceptar su peso, su porosidad y su carácter imprevisible. A diferencia de una superficie neutra, el hormigón absorbe, retiene, fragmenta y, en ocasiones, borra parcialmente las imágenes que recibe. Esa resistencia no se considera un error que deba ocultarse, sino una respuesta de la materia que interviene activamente en la construcción de la obra.
El cuerpo como ensayo y desplazamiento
En estas pruebas, el cuerpo aparece trazado, transferido y repetido sobre distintas placas. Algunas figuras conservan su contorno; otras se vuelven difusas, se fragmentan o parecen emerger desde la propia superficie.
El cuerpo deja así de presentarse como una forma estable y perfectamente delimitada. Su vulnerabilidad queda expuesta mediante las interrupciones del dibujo, los vacíos, las manchas y las irregularidades del soporte.
Las distintas versiones de una misma figura permiten observar cómo pequeños cambios técnicos transforman su presencia. La repetición no busca producir copias idénticas, sino examinar las posibilidades de una imagen que se desvía cada vez que entra en contacto con la materia.




Huellas, telas y símbolos culturales
Junto a la figura humana aparecen tramas textiles, flores y motivos ornamentales tradicionalmente vinculados a lo delicado y a lo femenino. Al ser trasladados al hormigón, estos elementos abandonan su soporte habitual y se relacionan con una materia asociada culturalmente a la construcción, la fuerza y la dureza.
El encuentro genera una tensión visual y simbólica: la delicadeza de la tela deja una huella sobre una superficie rígida, mientras el motivo floral queda atrapado entre poros, grietas y variaciones de tono.
De esta manera, la materia no funciona únicamente como soporte físico. También permite cuestionar las asociaciones culturales que separan lo fuerte de lo vulnerable, lo masculino de lo femenino y lo rígido de lo sensible.
La prueba también es obra
Cada resultado conserva señales de su realización: zonas incompletas, diferencias de presión, restos de pigmento, texturas inesperadas y bordes irregulares. Estas marcas permiten reconstruir las decisiones, dudas y descubrimientos que acompañan el trabajo artístico.
Mostrar el proceso significa hacer visible esa búsqueda. Significa reconocer que la obra no surge de una idea cerrada, sino de un diálogo continuo entre cuerpo, imagen, técnica y materia.
Estas pruebas forman parte de la arqueología de El Muro Inverso: un territorio donde el error puede convertirse en hallazgo y donde cada desviación abre una nueva posibilidad para mirar el cuerpo y las masculinidades fuera de las estructuras tradicionales.